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miércoles, 15 de abril de 2015
Práctica 9; Microrrelato
Práctica 9; Microrrelato
Las olas rompían incesantes mientras
lo veía desaparecer en el agua. Era algo mágico y a la vez triste, pues supe
que nunca volvería a ver ni a mi padre ni al torbellino.
(50 palabras – con golpe de efecto –
drama)
Todos los días se colocaba en la misma
esquina, frágil, pero a la vez dura, curtida, como el cuero al que han dado
mucho uso. Ese color escarlata realmente realzaba el color de su piel, y en esa
sonrisa se reflejaba toda su seguridad, más todo esto era solo apariencia, pues
sus uñas la delataban. Quizás su corazón pertenecía a alguien, o perteneció,
pues no daba señales de apego o amor. Un alma por siempre solitaria tocando
corazones que no quiere poseer.
(160 palabras – sin golpe de efecto -
biografía)
Siempre cámara en mano, intentando
reflejar aquellas cosas que a simple vista pasan desapercibidas o… no se ven.
Aquel terrible accidente se llevó a mucha gente, pero aún quedaban los
escombros, no encontraron a nadie vivo. Cojo la foto de hace 50 años y la miro
detenidamente… y una vez más me pregunto qué habrá sido de aquellos ojos de
mirada incesante y esa mano borrosa.
(160 palabras – con golpe de efecto –
terror)
Aitor
jueves, 12 de febrero de 2015
Juegos Letales
Práctica 7; Acción.
Un paso. ¡Sangre! Otro paso. ¡Más sangre! Queda poco tiempo. En menos de 5 minutos mi vida acabará, y tengo que hacer algo, Rosa está aún en peligro. Bajo las escaleras rápidamente hasta el teléfono, y marco el número. De los nervios pulso mal los números, ¡mierda! No es hora de ser torpe, haz algo con tu vida de una vez por todas.
Cada movimiento que hacía sentía el veneno más cerca de la sien. Sentía cómo atravesaba la barrera hematoencefálica. Era terrible.
Al tercer tono descolgaron el teléfono. – ¿Diga? – Su voz fue como maná en el desierto.
–Rosa, soy Jacinto.
– ¡Jacinto!, esperaba que me llamaras, veras…
– ¡No hay tiempo que perder! – La interrumpí. – Es de vital importancia que escuches… – Ya casi no podía articular palabras. – Hay algo que tengo que decirte…
–Jacinto, ¿estás bien?, ¿pasa algo?, me estas preocupando.
–Mi flor, me voy, pero esta vez para siempre. He aceptado el cargo de investigación en Alemania (cof) – Otra buena cantidad de sangre. – Y no volveré. Tenías toda la razón, me importa más mi trabajo que las personas. – Pude sentir las lágrimas a través del aparato.
–Entonces, ¿no había nada?
–Nada en absoluto, puedes tirar todos mis regalos. – Esto me iba a doler más que el veneno. –Hasta aquella estúpida flor.
En ese momento el teléfono se cortó. Pude adivinar casi a la perfección sus pasos: irá a la habitación y entre lágrima tirará la rosa liofilizada. ¡Salvada!
Tenía ya apenas consciencia del cuerpo, debía bajar al laboratorio, no pueden encontrar mi cuerpo. Abrí corriendo la puerta secreta, pero escuché lo último que quería escuchar en aquel momento. Alguien llamó a la puerta.
–Jacinto Peruviano, somos la policía. Por favor, abra la puerta, sabemos que está ahí dentro. No oponga resistencia, será peor.
No me podía poner nervioso, o el veneno ganaría. Abrí la doble compuerta del suelo, bajé las escaleras y, antes de que mi último suspiro llegase a ser el único eco de aquella sala, cerré la puerta.
Caí. Solo podía escuchar. “¡Vamos, vamos, vamos!” o “no puede haberse ido cerca” era lo poco que escuchaba. Cerré los párpados y pensé. Había dado mi vida por y para un maldito veneno, con lo bien que empezó todo. Salud, inmortalidad,… ahora carecía de sentido. Me había topado justo con lo contrario de lo que quería obtener.
De pronto me sentí mucho mejor, como flotando. Abrí los ojos, y vi todo igual, quizás más claro. Estaba en el suelo, había muerto. Ahora podía afirmar que la muerte está muy cerca de nosotros, ¿habría más difuntos por el mundo? ¿O es simplemente un paso breve sobre la tierra? Se me pasaron todas estas cosas por la cabeza pero había algo más importante, Rosa.
Fui todo lo rápido que pude. ¡Increíble!, aún no había colgado el teléfono. Habría algún tipo de desfase temporal. Ahí estaba, tan bella como el primer día de laboratorio. Subió los escalones, ¡tal y como yo decía! Abrió el arcón donde guardaba la rosa y… ¡Sí! ¡La tiró! Nunca me he alegrado tanto de conocer la reacción de la gente.
A salvo ya del veneno, que deposité en la rosa pensando que era el ansiado “elixir de la eterna juventud” que buscaba, ya no había peligro. Tampoco la buscaría la guardia secreta, lo único que sabe de mí es que he desaparecido. No soporto verla triste, pero menos muerta. Sentía que me desvanecía de nuevo, ¿habría cumplido con mis asuntos en la tierra?
Me iba, y la puerta entre el más allá y la Tierra se cerraba, pero de pronto pasó algo que no esperaba. Rosa cogió la estúpida flor de la basura y, con las lágrimas corriendo por sus mejillas, inhaló su perfume. Sentí como si volviese a estar vivo. Todo se rodeó de oscuridad. Mi corazón volvió a latir solo para pararse de nuevo. Rosa, pronto te veré de nuevo, y hasta ahora nunca me había disgustado tanto pensar en verte.
Aitor
domingo, 25 de enero de 2015
Alzheimer
Práctica 6; Críticas sociales.
Les dije que se callaran, pero no había
manera. Estaban todo el día: que si el Prestige, que si la batalla de Waterloo,
que si la habitación es demasiado pequeña… Hay días que puede ser interesante,
pero normalmente me vuelven completamente loco. Cuando lo hablo con la gente
del grupo ellos solo escuchan, con la boca abierta, igual que los peces, parece
que no les interesa nada de lo que digo. Los días cada vez se hacen más largos
y repetitivos: me levanto, miro la ventana, salgo a comer, el recreo, el grupo
y vuelta a la habitación a dormir.
Últimamente tengo la sensación de que alguien
coge mi diario, en las últimas páginas que he leído no hay más que sandeces, y
tiene que ser un chico, porque la letra es muy parecida a la mía.
Práctica 6; Críticas sociales
Hoy ha venido a verme un joven que me ha
recordado a mí en mis años mozos, era casi como mirarme a un espejo. No sabía
exactamente lo que quería, pero era muy agradable, así que agradecí su compañía
dando un paseo por el jardín. Me habló de que tenía dos hijos, ¡y uno se
llamaba igual que yo!, que grata casualidad, ya casi nadie usa el nombre de
Aldegundo, está cayendo en desuso. Era médico, si yo hubiese tenido hijos me
hubiera gustado esa profesión, siempre habrá enfermos, por lo que siempre habrá
trabajo. Ya llegaba la hora de la comida, así que me tuve que despedir, no me
dijo su nombre, si le veo otra vez se lo preguntaré, se más de sus hijos que de
él.
Me senté a comer pero Al no venía, así que
comencé sin él. Es raro que no le haya visto en todo el día. La portera dice
que se fue hace ya mucho tiempo, pero no se debe de enterar de nada, ¡ayer
mismo comí con él!, estoy seguro de que vigila más esas plantas negras que
tiene siempre colgadas que la gente que pasa. Cuando le pregunté a la chica de
la ventana que dónde estaba Al puso cara de atontada y me dijo “está muy alto,
en las nubes”. ¡Como si Al pudiese volar!, al final va a ser cierto que aquí
están todos locos.
Aitor
lunes, 15 de diciembre de 2014
Compañera fiel
Práctica 4: Describe un objeto cotidiano.
Curvilínea.
Quita y a la vez da el habla.
Tiene tapa de pino, una caja de resonancia, seis cuerdas que
cubren un largo mástil, dividido en trastes, y un mecanismo electrónico en su
interior. Es del color de la madre de pino, ligeramente más oscura en los
lados, y al final del cuerpo hay una pieza metálica que sobresale. Su suavidad
y su belleza hacen que la cojas delicadamente, con la delicadeza con la que se
lava una virgen. Su sonido puede llegar a cualquier parte, sobre todo al
corazón. Tiene el poder de cambiar las emociones, de modificar tu forma de
pensar, tu visión de la vida, de la realidad. Sus curvas hacen que se adapte
perfectamente a mi cuerpo, como si fuese ese accesorio soñado con el que nací,
pero me tuvieron que separar de él, y ahora por fin volvemos a estar juntos.
Ella está ahí siempre, tanto en los buenos momentos como en los malos, como
aquel amigo inseparable que siempre está para escuchare, para atenderte, incluso
cuando ves que todo el mundo te ha dado la espalda. Ella siempre está
dispuesta, con sus notas, a calmar mi corazón, a veces desesperado y solitario.
Al principio me hacía un poco de daño, mas con el tiempo ambos llegamos a ser
uno. Refleja el sentimiento de mi alma, mis sueños, aquel anhelo de ser mejor
en todos los sentidos. Espero que dures eternamente.
Mi guitarra.
Aitor
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