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lunes, 26 de enero de 2015

Práctica 6; Críticas sociales.

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Práctica 6; Críticas sociales.
Querida Pris.
Seguramente cuando empieces a leer esto tengas 9 años y ya sepas que papá va a viajar muy lejos buscando un trabajo mejor para que mamá, Pablo y tú estéis bien y no os falte de nada. Quédate tranquila porque papá estará bien y, al año siguiente después de que él se vaya volveréis a estar juntos. Tu madre y tú iréis a verle primero, mientras que Pablo tendrá que quedarse en casa porque tiene que terminar su último curso de instituto. Tampoco te preocupes porque todos en la familia cuidarán de él y cuando se gradúe viajará para ir a verte.
Echarás de menos tus juguetes, los fines de semana con los primos, las vacaciones en la casa de la abuela y los cumpleaños junto a todos. Sé también que te vas a preguntar la razón por la que tus padres dejaron todo atrás, por qué dejaron una casa propia y a toda la familia para tener que compartir otra casa con extraños. Por favor, sé comprensiva cuando tengas que compartir una única habitación con tus padres y sobre todo cuando te toque dormir en el suelo, no será  por mucho tiempo. Tampoco les reproches el que no puedan darte ropa ni juguetes nuevos, ni cuando tengan que recurrir a la ayuda de otros para que no te falte algo qué comer.
Te vas a extrañar cuando tus padres trabajen en algo que no tiene nada que ver con lo que ellos hacían antes, sobre todo cuando mamá no vuelva a trabajar de profesora, pero tienes que saber que ambos trabajarán muy duro, se esforzarán hasta el límite de sus fuerzas para que no os falte de nada a tu hermano y a ti, así que no te enfades  cuando no puedan pasar tanto tiempo contigo.
No te preocupes por tus amigos porque irás a un nuevo colegio, conocerás gente nueva muy simpática. Harás amigos muy buenos que te querrán mucho pero te aviso, a veces te encontrarás con niños malos que no querrán ser tus amigos y te gritarán que vuelvas a tu país. En estos casos haz caso a mamá cuando te diga que no valen la pena, no les hagas caso.
Con el tiempo todo irá mejor, tendréis una casa para vosotros solos y saldréis adelante, ya no os faltará de nada, aun así  habrá veces que te sigas preguntando si valió la pena porque tendrás que crecer a la fuerza además de por tener la terrible sensación de extrañeza y desarraigo con respecto a la familia que dejaste, y con el paso del tiempo te preguntarás por lo que podría haber sido. A parte de papá, mamá y Pablo no habrá nadie más y lo peor será que ese sentimiento no te abandonará, formará parte de ti creando un increíble vacío que muy difícilmente podrás llenar.
Es posible que en este momento no entiendas nada de lo que digo y creerás que soy mala al decirte todo esto de una forma tan dura, pero no tengas miedo porque serás fuerte y muy valiente. Un día te despertarás y tendrás casi 25 años, después de media vida te darás cuenta que a pesar de la lejanía y la añoranza, de todo lo que una vez fue y pudo haber sido, tendrás la seguridad de que si habrá valido la pena porque tu vida será maravillosa, estará llena de oportunidades, habrás ganado libertad y estarás alejada de los prejuicios y carencias que te hubiesen tocado vivir.
Nunca olvidarás de dónde vienes ni que a pesar de todo sigues siendo inmigrante aunque tu corazón pertenezca a un nuevo lugar, pero eso te hará mejor persona, te hará valorarlo todo de otra manera. No dudes nunca y sigue siempre adelante.


Fdo: Tu yo de dentro de 15 años.

Asys


domingo, 14 de diciembre de 2014

Impredecible

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Práctica 4: Describe un objeto cotidiano.

Impredecible.

La compañera inseparable que nunca falla.

Es elegante y equilibrada, de color escarlata y dorada, fue un regalo inesperado que se convertiría en algo especial. Desde que la vi en su estuche se convirtió en una compañera inestimable, testaruda y sincera sabe cómo impresionar, aunque sea yo quien la dirija siempre tiene mil ideas más, me hace continuar y seguir siempre adelante cuando me falta inspiración. Ha sido testigo de mis mejores ideas, aventuras y secretos, siempre escritos y en papel.

Ha pasado el tiempo y ya nunca está en su estuche sino al alcance de mi mano para cuando me inspiro y la necesito, para cuando no puedo evitar hacer nada más que escribir.

’’Mi pluma’’

 Asys

domingo, 16 de noviembre de 2014

Lo que perdí

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Práctica 2; Mal de la hoja en blanco. Palabras aleatorias.

Muchos me han hablado de usted y de su capacidad para hipnotizar, he recibido muchos consejos no deseados, he escuchado muchas historias y en general, ningún argumento convincente de que las técnicas que utiliza realmente funcionen. Sin embargo, ha pasado ya mucho tiempo, he probado de todo y usted era lo último que me quedaba.

Cuando desperté en el hospital, la luz me cegaba, mi cuerpo cansado estaba entumecido por el dolor, y cuando todo comenzaba a tener sentido lo primero que tuve frente a mí, era el dulce rostro de la hermana Cristina, la monja voluntaria que me visitaba en ese momento. Con su dulzura y su voz tranquila pudo decirme a duras penas que estaba ingresado por una herida de bala, un disparo cuya procedencia era desconocida ya que me encontraron en la entrada de urgencias.

Hasta ahora, durante 15 años, he vivido de forma tranquila y ordenada, una vida común y corriente, sintiéndome como una máquina, un ordenador que aunque funcione a la perfección, sabe que ha sido formateado y que nunca podría recuperar aquello que borró. Hasta este momento, el único recuerdo que tenía era un sonido ensordecedor, un dolor punzante y oscuridad.

Todas las mañanas me despertaba y no podía evitar mirar una y otra vez el pequeño pez dentudo que tengo tatuado en la cara interior de mi antebrazo. Una piraña fea, amenazante, de dientes grandes, que  resultaba todo un enigma; un tatuaje sin sentido que hasta ahora evitaba enseñar porque aunque esté en mi cuerpo no sentía que fuese mío ni que me diese una identidad, sino que me hacía sentir aún más extraño.

Tras meses y años, hoy por fin en lo que me han parecido solamente segundos, sé lo que ocurrió.

Mi nombre es Peter Sullivan, cuando tenía 20 años jugaba a ser un chico malo, un atracador de poca monta apodado ‘’El Pirañas’’, por un tatuaje feo y mal hecho en una noche de borrachera. Cuando me dispararon estaba completamente drogado; me había metido con el tipo equivocado, alguien que siempre se cobra sus deudas sobre todo si se la jugaban, tal y como yo había hecho. Era una basura sin familia y sin hogar al que volver, alguien a quién nadie echaría de menos, que en sus últimos momentos sólo deseaba un viaje más.


Nunca podré saber quién me dejó en las puertas del hospital ni por qué me ayudó esa noche, pero al fin estaré en paz al saber qué fue  del muchacho que olvidé ayer y que está detrás del hombre que  recuerda ahora.

Asys

Palabras usadas: PIRAÑA, DISPARO, MONJA, ENSEÑAR, RECUERDO, ORDENADOR, CONVINCENTE.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Después de todo

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Práctica 1; Escribe sobre lo que conoces. Ámbito académico.

Ha pasado ya mucho tiempo, muchos cuatrimestres desde que comenzó la carrera. Ha llovido mucho desde entonces, desde que los trabajos en grupo se hacían infernales porque siempre alguien dejaba de colaborar, desde que las exposiciones en clase desbastaron ese terrible miedo a hablar en público; y por fin había llegado el día.

El cielo estaba gris y amenazaba frío y lluvia y, para colmo era lunes. Sin embargo ahí estaba él, una pequeña y delgada figura que denotaba cansancio y pesar, junto con algo de una pesada resignación. A pesar de sus 23 joviales años se sentía como un hombre deshecho al que le pesaban los huesos, y más que los años, sus terribles ojeras.

Durante tres meses no hubo amigos, no hubo fiestas, no hubo aire libre salvo para comprar comida y mucho café. Repasando una y otra vez el mismo temario, maldiciendo al profesor y a su falta de generosidad y falta de calor humano, preguntándose mil veces por qué no le había aprobado por esas dos décimas. Desde luego la revisión fue un esfuerzo inútil una vez más.

Estaba suspenso en una de las asignaturas más difíciles de la carrera, de esas que te roban el alma y con la que pierdes la inocencia de los primeros cursos, cuando aún los estudiantes son confiados y dejan todo para el último momento. Una terrible materia con la que no sabes qué estudiar, si los apuntes mal cogidos por la velocidad implacable del profesor, las lecturas que no tienen nada que ver con el temario, o el libro escrito por el mismo demonio que imparte las clases, aunque no contenga todo lo que se ha visto en clase.

Todo el verano estudiando, aprovechando las largas horas de luz en el día, pasando terribles noches en vela bajo la incansable luz de los fluorescentes, sobreviviendo al calor gracias al aire acondicionado y muchos litros de café; todo por ese maldito suspenso al final del cuatrimestre. Un infame resultado que le llenó de rabia, y que a pesar del mal trago, le dio la determinación suficiente para estudiar, para devorar los apuntes como si le fuese la vida en ello.

Después de haber sobrevivido a muchos profesores, a su vil instinto asesino a la hora de examinar; y a exámenes en los que no sabía qué responder porque nada de lo que había escrito en ellos correspondía con lo estudiado, a los nervios de última hora y sobre todo a esa horrible sensación de fracaso cuando escuchaba a todo aquel que le rodeaba comentar las respuestas del examen.

Nadie suele contar las grandes hazañas de los estudiantes, héroes que se hacen en la batalla, que son vencidos mil veces antes de salir triunfantes.

Y ahí estaba él, frente a la puerta de salón de actos esperando a que esta se abriera para terminar de una vez por todas con la peor tortura jamás inventada, la espera. Miraba entre la gente, buscando el mismo rostro nefasto que le había amargado la existencia durante el cuatrimestre pasado, pero en esta ocasión  se cobraría esas dos décimas con creces porque esta vez estaba preparado.

Y en ese día terrible día de septiembre, él con su cansancio y sus ojeras se volvieron a encontrar con el que pretendía ser su verdugo, con su mismo aire de prepotencia y seguridad, sabiéndose capaz de marcar el destino de sus pobres e insensatos alumnos. En las mismas sillas frías de siempre, el mobiliario viejo y conocido por todos, en el mismo lugar que la última vez pero con la frente en alto, el pulso acelerado e intentando que el vil demonio no notase su miedo, esperaba a que su última gran batalla comenzara.

Fue duro y encarnizado, el examen estaba hecho con crueldad, únicamente para rebanar cuellos sin piedad y el profesor lo sabía. Se puso a prueba la determinación y la templanza de todo buen guerrero con preguntas rebuscadas e infames, pero el miedo desapareció, los minutos pasaban y ya no había dudas, todo estaba claro y el final estaba cerca.


60 preguntas, verdadero o falso,  y una hora más tarde, entregando su examen con manos firmes y el corazón tranquilo. Ahora en el cielo estaba azul, volvía brillar el sol, no hacía frío y corría una brisa fresca que le llenaba los pulmones, no le hizo falta ver una lista en la que saliera un número junto a su nombre, él lo sabía. Había aprobado.

Asys