Mostrando entradas con la etiqueta Bellaflor. Mostrar todas las entradas
lunes, 12 de enero de 2015
Práctica 5; Escribir para alguien concreto
Práctica 5; Escribir para alguien concreto.
Tuve mucho cuidado al derramar el aceite. Las viejas lámparas
que había en la biblioteca estaban muy gastadas y a veces, se salía el aceite
por los engranajes. Cuando estaban todas encendidas, la biblioteca, antes una
antigua factoría de carbón, parecía respirar de nuevo fuego y su aspecto era
entre grandioso y terrible.
Repasé con cuidado los libros que quería mostrar a mis compañeros,
en uno de ellos estaban las fórmulas que necesitábamos para nuestros planes.
Dividí los libros que había sobre la mesa hasta que toqué sin querer la portada
de un pequeño libro. Estaba soportado en
cuero, muy suave y en su tapa se podía leer, El haz de luna. Como aún
tenía tiempo hasta que llegaran mis
compañeros, me senté a leer.
En todas las
historias hay un protagonista. Todas las historias tienen un inicio, un nudo y
un desenlace y todas las historias tienen un enemigo, un malo al que derrotar y
vivir felices. Si eso es lo que estás esperando ya puedes marcharte, esta
historia no es de esas. Esta es la historia de un Viernes, de no importa qué
mes.
En esta historia
ella es la protagonista.
¿Cómo describirla?
Es francamente difícil, digamos que si trato de reducir su imagen a algo que
siempre pueda recordar, diría que son sus ojos, su mirada. Pero no quiero
adelantar acontecimientos, vayamos por pasos.
Yo soy el aire que
sale de los alientos de los cuenta cuentos. Es probable que pensaras que las
historias se crean solas, pero no es así. Soy yo inspirando a los mejores cuenta cuentos. Soy el susurro que nombra las cosas,
soy el aliento después de que tu personaje favorito casi muera. Soy el te
quiero susurrado que inicia una historia. Soy el viajero errante. Y ella...
Ella era un rayo de
Luna. Cuando la conocí hablaba sin palabras, bailaba sobre las metáforas como
dos gotas de lluvia sobre los cristales. La vi de lejos, la vi moverse y
escuché encantado el tacto de un idioma que no conocía. Cuando terminó de
hablar delante del polvo que se reunía entorno a ella, me acerqué para preguntarle
por su extraño idioma y ella, mientras dejaba que la serena luz de sus
hermanas, otros rayos de luz de luna, la bañasen, giró su incorpórea presencia
hacia mí. Un estallido resonó en algún sitio y yo, asustado, continué hablando.
¿Qué iba hacer sino?
Forcé mi voluntad a
tomar una forma reconocible y desdibujé mis ropas como pude. ¿Puedes, por
favor, mostrarte tú también?
- No sé cómo se
hace, así que no puedo- Me dijo mientras ponía cara triste.
- Sólo tienes que
concentrarte y pensar qué imagen quieres proyectar- Le dije.
- Pero no sé qué
imagen quiero proyectar- Dijo ella.
- Piensa en una
imagen que te haga feliz- Dije con cuidado.
Giré sobre mí para
ver si alguien más nos escuchaba y al volver la vista hacia ella, la miré a los
ojos y mi mundo se acabó. Muchas historias se perdieron aquel día pues mi
mente, mi sino, mi esencia había cambiado y no tenia espacio para historias.
La miré a los ojos y
cambió lo que yo era. Tal era la fuerza de su mirada. Aunque supongo que
necesitaríais una descripción más precisa, me temo que mi lengua está muda y
pese a toda mí labia, no soy capaz de explicarlo. Verte reflejado en esos ojos,
hace que quieras ser mejor en todo, que creas que el universo es mejor sólo
porque ella está en él.
Nos pasamos la noche
corriendo sobre las flores y recriminando a los grillos porque eran,
indudablemente, pesados en su carcomida melodía. Fuimos a buscar unos gatos
callejeros que recitaban historias de aeropuertos y de humanos con los que
nunca habían estado. Fuimos a ver las estrellas por las calles, sin que nadie
nos viera, o quizá nos veían todos pero no importaba.
Caminamos sobre los
ruidos, sobre las sorpresas y la tristeza, caminamos sobre los deseos.
Caminamos sobre todo aquello que no fuera mirarnos a los ojos y vernos
reflejados.
Cuando las luces
despuntaban al alba, tomábamos el hielo que se lanzaban las miradas de otros.
La miré las manos y dije:
- Ven conmigo, vamos
a enseñarle al resto del mundo que ven detrás de las estrellas que encienden
tus ojos.
- No puedo irme con
cualquier persona con la que conecte. Ya veremos- Dijo ella con educada
indiferencia.
Dormimos en algún
sitio indeterminado. Desde que encontré sus ojos, mi memoria es muy selectiva y
olvida donde dormí, pero no olvida la mirada que me envió de soslayo cuando
pensaba que no la miraba. Así es esta historia.
Pasamos el día
viviendo momentos. Cada uno diferente al anterior y aunque los grillos seguían aburriéndonos
con su letanía, nosotros dibujábamos palabras en el viento y hablábamos de la
libertad.
Le conté historias
sobre ella, sobre los murmullos del viento entre su pelo y le dije muchas cosas
más que no se pueden decir en una historia. Ella reía mucho. Le dije que me
encantaba su risa.
- Mi madre, la luna,
me dice que sonrío mucho, que parezco boba- Me dijo agachando la cabeza.
Nunca seré capaz de
describiros la belleza que existía en ese momento. Perfección es lo más cercano
pero aún así no sería capaz de describirlo con exactitud.
- ¿Puedes hacerme un
favor? Trata de alumbrar al mundo cada día un poquito más con esa sonrisa que tienes.
– Ella se rió mucho y yo fui muy feliz.
Las noches pasaron y
nosotros jugamos a conocernos despacio pero profundo, hasta el tuétano. Echamos
carreras, nos peleamos y me ganó, no por la pelea en sí, sino porque la cercanía
de su esencia me mantuvo alegre por siempre.
Otra vez fuimos a
ver a los toros jugar. Todos se veían como los más importantes y traté de
explicarle cómo funcionaban y porqué se repetían las mismas cosas unos a otros
y quizá yo podría hacerlo diferente. Yo no dejo de ser un susurro de las
historias y algo se me habrá pegado de los más arrogantes, pero también de los más
buenos.
Ella se enfadó
mucho, mentiras y palabrejas vacías es lo que me entregas, yo quiero la
libertad del sol y de los campos abiertos. Su furia fue terrible como las
tormentas, pero la reconciliación mojó nuestras cabezas y nos encontró una vida
con significados conjuntos.
No os aburriré con
más detalles. Llegaron los días fríos, yo escuchaba más historias y ella se fue
a alumbrar con su luz la vida de otras personas con más necesidades que yo.
El tiempo pasa, el
frio se queda. Quizá otro día se dé cuenta de que le gustan mis historias y
vuelva a buscarme, pronuncie mi nombre y sea primavera otra vez. O quizá no.
Quizá otros aires le traigan felicidad y alimento para el sueño de sus ojos.
Entre estas palabras
se esconden secretos, algunos ocultos que preguntará algún día. Otros no tanto.
La sutileza siempre fue su fuerte, no el mío. Yo solo cuento cuentos,
historias.
Esta es la historia
de cómo un haz de luna, cambió mi vida.
Estupefacto ante tal hallazgo, sostuve con cuidado el
pequeño libro y lo guardé en mi zurrón. Para cuando llegaron mis compañeros,
fui incapaz de explicarles por qué estábamos aquí.
Biblioteca Pública
Bellaflor
martes, 2 de diciembre de 2014
El bisturí
Práctica 3; La importancia de los personajes y sus puntos de vista
Lo extraño es que sé cuánto tiempo queda. No puedo dejar de
analizar aunque supongo que debería ser lo normal. Después de todas las
operaciones que he llevado a cabo soy perfectamente consciente de cuán fino
debe ser un corte, cuantos los grados de inclinación del bisturí y cuál es el
tempo que exige cada tipo de tejido. Todas las personas somos diferentes y eso
se plasma perfectamente cuando las operas. No todos los músculos se dejan
cercenar igual y no todas las grasas, tendones, mucosas poseen en todas las
personas la misma consistencia.
Mis músculos, por ejemplo, son bastante más débiles de lo
que pensaba. A pesar de ir a correr todos los días, a pesar de tratar de
mantenerme en forma y a pesar de cuidar mi dieta, cando ligeramente noto el
bisturí sobre mi cuádriceps no tengo sensación de resistencia alguna. Que
desilusión.
En la facultad de medicina siempre nos dijeron que era
fundamental estar en forma para que el cuerpo respondiese a tus deseos. También
nos explicaron cuantos mililitros de morfina debes darle a un hombre para que
no sienta nada y, sinceramente, el hombre que a duras penas veo, con un bisturí
en su mano y la cara protegida tal y como mandan los cánones, no me inspira mucha
confianza.
Supongo que da un poco igual, en mis circunstancias casi lo
mejor que puede pasar es que se le vaya la mano, seccione alguna vena o arteria
y terminemos pronto. Imagino que debe estar muy nervioso y tratar de hacer un
trabajo como el suyo es difícil.
En algunos momentos el dolor se intensifica, noto como
ligeras descargas me recorren el cuerpo y siento el frio del instrumento dentro
de los músculos. Creo que no ha puesto suficientes analgésicos... Se me va la
cabeza por la caída de la tensión. ¡Maldita sea este tipo no tiene idea de lo que
hace!
Es imposible que sobreviva, los músculos están ya
agarrotados por el frio. Mi corazón se parará pronto y eso desencadenará en el
fallo de todos los órganos. No hay nada que pueda hacer, dios...
Ahora me doy cuenta... A duras penas consigo abrir los ojos
y mirarle directamente... Tiene las pupilas dilatadas y parece que suda... La
luz es claramente insuficiente, no lo ha preparado todo bien.
No es tan profesional como yo pensaba. ¿Qué dirán de mí en
la universidad? ¿En el hospital? ¿Mi mujer?... Quiero volver a ver a Clara...
Justo cuando ya teníamos el piso apalabrado... Justo... Quiero volver a verla,
quiero abrazarla y oler su pelo otra vez... Quiero abrazarla por las mañanas...
No quiero morir... Ahora ya no tengo calcetines para la ocasión... Tendré que
ponerme los zapatos viejos para la boda de Clara y mía... No quiero mas café
por las mañanas que luego armario. Luz.
Desde el principio. Limpia el sitio, limpia tus
herramientas. Asegúrate de que el entorno es seguro.
Evalúa las distracciones y descártalas. Observa que el paciente
esté preparado. Ponte las protecciones. Toma el bisturí.
Si quieres hacer un buen trabajo, hay que hacerlo
meticuloso. Sin prisa, tomándote tu tiempo y preparando bien las cosas. Con
mimo.
Todas las veces previas las he preparado igual, al
levantarse por la mañana un buen paseo, para que el cuerpo se active. Después
una carrera por algún parque lejano, hay que darle tiempo a la cabeza para que
viaje donde deba.
Después recabar información. Quién es, qué le pasa, Cuanto
tiempo lleva así. Esas cosas hacen que te centres más cuando estás al trabajo.
Así lo hacía en la facultad y, aunque hace muchos años de eso, aún conservo
bien mi instinto de entonces.
Bien, desde el principio. Limpia el sitio, limpia tus
herramientas. Asegúrate de que el entorno es seguro. Evalúa las distracciones y
descártalas. Observa que el paciente esté preparado. Ponte las protecciones.
Toma el bisturí.
El problema es que los hospitales de ahora no valoran las
técnicas de antaño. Se deslizan entre las nuevas tecnologías y no valoran el
saber acumulado por todos los cirujanos anteriores. Por eso yo intento seguirlo
tal y como mi Maestro me lo enseño, con calma y repasando bien todos los puntos
para que no se olvide nada. Es muy importante que no se olvide nada porque un
pequeño error y adiós.
Hay veces, no muchas, pero algunas, en las que me enfado por
la arrogancia de los directores de los hospitales. Pero después sé con certeza
que ellos no son médicos. En la mayoría de los casos nunca han tenido que
operar y... ¡¡¡El bisturí!!! Casi se me olvida ponerlo a desinfectar en la
bandeja. No se pueden tener estos fallos. Desde el principio...
Limpia el sitio, limpia tus herramientas. Asegúrate de que
el entorno es seguro. Evalúa las distracciones y descártalas. Observa que el
paciente esté preparado. Ponte las protecciones. Toma el bisturí.
Es un mantra que tranquiliza incluso cuando ya estoy
operando. Porque aunque sea un músculo de los cuádriceps o un ventrículo, la
soltura debe ser la misma, no se puede dudar. Lasquita a lasquita, filón a
filón. No quiero cortar en un sitio que no debo antes de tiempo. Cada cosa
lleva su proceso, su timing, no se puede seccionar una vena si antes no has
derivado una arteria, eso es así.
¿Me habré equivocado al ponerle la dosis? El paciente se
mueve mucho y ofrece resistencia aunque no debería y parece que es consciente
de la situación porque ha empezado a llorar... La morfina que le puse debería
bastar para que estuviese dormido al menos unas horas más, pero ahora no puedo dejarlo
así y comprobarlo. Mierda...
Desde el principio...
Sabía que en algún momento rentabilizaríamos la compra
Golán. Sí sí, ya te doy la comida, espera un poco que quiero ver qué va a hacer
ahora.
El barrio es de lo peor que hemos encontrado pero eso es una
oportunidad ¿Verdad que si Golán? No importa que Carla se fuera con otro,
nosotros hemos rehecho nuestra vida y no nos hace falta para nada. Además,
después de lo de esta noche, me van a dar el puto Pulitzer ya lo verás Golán,
ya lo verás.
Quizá si muevo el sillón podría verlo mejor. Las malditas
ventanas no se abren porque la casa se cae a cachos pero no importa, quizá así
sea mejor, hace mucho frio fuera y abrirlas quizá rompiese la escena.
Mira Golán, tenemos la vista perfecta, al ser unos
ventanales tan grandes, podemos verlo todo perfectamente. El tipo se ha subido
a la segunda planta del edificio y hemos tenido la suerte de que los plásticos
que recubrían las vigas aún desnudas se han caído por el viento asique puedo
hacer todas las fotos que necesitemos.
¿Cómo? No. No pasa nada, nosotros no podemos intervenir, solo
somos espectadores Golán, si intervenimos no podríamos hacer fotos y no
ganaríamos el Pulitzer.¿ Cómo se lo íbamos a resfregar si no a Carla?
¡Mira! ¡¡Se ha puesto nervioso por algo!! No encuentra
algo... ¡ah no! Estaba buscando algo pero está lejos y no puede ir a por ello.
¿En qué estará pensado? ¿Crees que los monstruos como él piensan Golán?
¡¡Oh dios mío!! ¡¡¡Ya sé quién es el tipo ese!!! Es el nuevo
cirujano jefe del Hospital Universitario.
Salió en las noticias como el más joven en alcanzar ese
puesto. Al parecer tuvo que despedir a muchos cirujanos como medida
prioritaria. No ha hecho muchos amigos no.
Me fascina la tranquilidad con la que un hombre le arrebata
la vida a otro. Sus movimientos son delicados, como si supiera que tiene que
hacer para alargar un segundo más su existencia. Fíjate en sus movimientos,
¿¿lo ves Golán? ¡¡¡¡ Deja la mesa Golán!!!! ¡Joder!
A ver... despacito, me asomo despacito otra vez... Sigue
igual, sus movimientos son rítmicos, como los de un reloj... Parece musitar
algo de vez en cuando. ¿Crees que es creyente Golán? Creo que no, no se puede
matar a alguien con esa tranquilidad y ser un creyente.
Parece que ha terminado, se quita los guantes y la
mascarilla. Al fin y al cabo parecía un cirujano de verdad, al menos en la
praxis.
Bueno, tenemos unas 400 fotos, lo tenemos todo registrado.
Llamemos a la policía y digamos que han asesinado a alguien.
¿Cómo que no puedo decir eso? ¿Qué quieres decir?
Ostia puta... Claro, la negación de auxilio... ¡¡¡No me
jodas!!! Tengo el mejor reportaje gráfico de la historia y ¿¿¿¿no podemos
publicarlo????
Vamos a comprarte comida Golán...
Bellaflor
domingo, 16 de noviembre de 2014
Babel
Práctica 2; Mal de la hoja en blanco. Palabras aleatorias.
No fue una caída. Nos
empujaron. Dios decidió que ya estaba bien de desobedecerle y creó un sitio especial
para nosotros, para olvidarnos. Imagina que amas algo tantísimo como para hacer
algo en contra de tu naturaleza. Para colocarte delante del ser que te creó y
decir no. Y ahora imagina que no es solo de palabra, que lo que hicimos fue
decir que no en cada acto, en múltiples planos a la vez, en cada gota de agua
que cae y en cada fibra de nuestra esencia. Entonces podrás entender lo que
significó que nos rebelásemos.
Discúlpame, mortal.
Estoy empezando por el ocaso de la historia. El inicio ya lo sabéis. Os
amábamos como amábamos a Dios. Pero erais idiotas, como monos pero un poco más
listos, y debido a la prohibición del Padre de no manifestarnos, tan solo
podíamos observaros y preguntarnos por qué nuestro Padre, si os quería tanto,
no permitía que os enseñáramos a disfrutar de la belleza de su creación. Cuando
el lucero del alba nos habló, pensamos que hacíamos lo correcto. Mostrar a los mortales
su capacidad de afectar al entorno y las posibilidades que eso traía fue para
nosotros un deleite absoluto. Nada de lo que hice antes ni de lo que he hecho
después me proporcionó jamás tal placer como que un humano aprendiese a hacer
fuego. Pensábamos que Samael sabía lo que hacía, que cuando Dios viese el
resultado, nos perdonaría por desobedecerle. Pero no fue así.
No te aburriré con
detalles trágicos. Baste decir que un tercio de la hueste celestial luchó
contra sus hermanos a todos los niveles conocidos. La única diferencia es que nosotros
éramos libres y ellos estaban enclaustrados como monjas de convento. No
obstante, la batalla fue cruenta y nunca se pudo dar bando vencedor salvo en
excepcionales casos. Los designios divinos son inescrutables dicen.
Nosotros sólo
teníamos nuestra libertad.
Si te preguntas si
volvería hacerlo la respuesta es sí.
Nuestro plan, cuando
finalmente entendimos que Dios no iba a perdonarnos y nos había abandonado, fue
mostrar a los mortales las maravillas de la creación en todo su esplendor. Las
ciudades más imponentes, las más bellas construcciones fueron edificadas por
aquella entonces. Aún hoy algunos recuerdan los nombres de nuestros hogares y
suspiran. Los humanos tenéis la chispa de Dios dentro. Es lo que os hace
especiales y por eso os quiere más. No, no es envidia, es un hecho. Nosotros os
mostramos cómo hacer una rueda, vosotros hicisteis un coche. Nosotros os
enseñamos a contar, vosotros diseñasteis un ordenador. Está dentro de vuestra
naturaleza la creación, de la misma manera que Él creó el cosmos. Así pues,
inferimos que si esa chispa podía ser alimentada dentro de unos cuantos de
vosotros, eventualmente podríais llegar a obtener la capacidad de creación de
Dios. Si, era un plan arriesgado, lo reconozco, pero no por ello íbamos a dejar
de intentarlo. Queríamos un Dios que os amase tanto como nosotros y bueno, si
no era este, podía ser cualquier otro.
De modo que buscamos
por toda la tierra buscando los mejores de vuestra especie y, de la misma manera
que vosotros abonáis la tierra e infiltráis el árbol para obtener el melocotón
perfecto, nosotros despertamos en aquellos que elegimos, conocimientos y poder
para conseguir despertar dentro de ellos la sapiencia necesaria como para
rivalizar con Dios. A ese proyecto se le llamó Babel. Todo el conocimiento que
pudimos reunir, todas las artes mágicas y no mágicas fueron reunidas en una
torre donde los mortales que escogimos aprendían y despertaban a su verdadera
naturaleza y poder.
Supongo que si eres
Dios, eso no te hace mucha gracia, así que envió la Hueste contra nosotros con
un arma que no pudimos combatir.
La hueste acudió en
cientos, como pirañas ante el olor de un trozo sangrante de carne. La espada de
Miguel brillaba en lo alto del cielo y después del destello ya no hubo nada.
Solo rabia, desconcierto, miedo. La guerra se acabó. Nos enseñaron la lección
de la manera más convincente que sabían, apartándonos de vosotros para siempre.
Fue como un disparo, como una reacción química, una nota mal entonada en la
melodía perfecta, como un borrón en un recuerdo feliz. Todo eso en muchos
planos a la vez, en todos los tiempos posibles. Simplemente nos erradicaron. Y
a los pocos que sobrevivimos, nos encerraron en un lugar vacío y eliminaron
nuestros nombres. Nos inculcaron el miedo más perpetuo que puedas conocer.
No sabes lo que
significa caer hasta que no entiendes el concepto completo de perder todo lo
que querías, todo lo que querrás, la posibilidad misma de pensar que alguna vez
volverás a tenerlo.
Si me preguntas si
volvería hacerlo. La respuesta es Sí
Bellaflor
PIRAÑA, MELOCOTÓN, DISPARO, MONJA, ENSEÑAR, RECUERDO, ORDENADOR, CONVINCENTE.
martes, 28 de octubre de 2014
Práctica 1; Escribe sobre lo que conoces. Ámbito académico.
Práctica 1; Escribe sobre lo que conoces. Ámbito académico.
Siempre fui de letras. Los números me apasionaban, pero yo a ellos no, de modo que nuestra relación fue siempre muy complicada. Tal vez por eso cuando llegué a 1º de Bachillerato y vi entre mis asignaturas Filosofía, me sentí más feliz que el pequeño Nicolás en una fiesta de CNI.
Siempre fui de letras. Los números me apasionaban, pero yo a ellos no, de modo que nuestra relación fue siempre muy complicada. Tal vez por eso cuando llegué a 1º de Bachillerato y vi entre mis asignaturas Filosofía, me sentí más feliz que el pequeño Nicolás en una fiesta de CNI.
El profesor que impartía la asignatura era un tipo alto,
rígido, con un porte excepcional y una media sonrisa que hacía que pensaras si
se estaba riendo de ti o de algún chiste que alguien le contaba al oído.
Rondaba los 45 y siempre llevaba pantalones, camisa y americana, con unos
zapatos marrones o negros según fuese la camisa y el pantalón. Llevaba el pelo
corto y una pequeña franja de éste había empezado una guerra de conquista
blanca sobre el resto del cabello. La leyenda del colegio contaba que tuvo que
huir del País Vasco con su familia porque ETA les había amenazado. Yo mismo pude
comprobarlo al tiempo en una conversación con él, donde dejaba entrever este
hecho con una amargura sobresaliente. Pero lo que realmente quiero resaltar de su persona es que imponía
respeto. Cuando estabas en su presencia tenías la clara convicción de que si te
pasabas un centímetro de la línea que él había trazado, fácilmente te podía
caer una ostia. Más de una vez lo vi apretarse los puños y tener que calmarse
ante la estupidez de alguno de mis compañeros de clase.
Sin embargo, lo más
destacable de él, Don Javier de Andrés, era la forma que tenía de explicar las
cosas. Te hacía sentir partícipe pero sin empujarte a pensar como él. Explicaba
de manera que tuvieras que sacar tú la solución, que tuvieras que estrujarte
duramente los sesos para dar con la tecla que él quería. Y entonces continuaba
explicando. Imaginad eso en una clase de 30 salvajes, donde todos estábamos
revolucionadísimos y donde, en el mejor de los casos, éramos 10 los que
atendíamos lo que trataba de explicarnos y tan solo 5 los que queríamos
realmente hallar la solución al dilema que nos ofrecía.
No obstante lo que más me entusiasmaba de sus clases no era
tan solo que me hacía pensar, si no la manera cruel y despiadada con la que solía
castigar a los que no prestaban la atención que él merecía. Pondré un ejemplo:
Nosotros teníamos clase de filosofía los martes a última
hora y los miércoles a primera. Esa combinación era mortal porque hacía que la
mayoría no se enterase de nada el martes y tuviese que explicar la lección del
día anterior el miércoles por la mañana. El cóctel era sencillamente
maravilloso. Si a esto le sumamos que muchos de ellos no aparecían a última hora
o a primera del día siguiente teníamos resultados dignos de mención como el que
quiero explicar ahora.
Como digo, era habitual que Don Javier, pidiese a algún alumno
“recordarle” de qué había ido la clase anterior, preguntando por las ideas de
tal o cual autor. Don Javier, cogía la lista de sus alumnos, paseaba distraídamente
la vista por el aula y por la lista varias veces y finalmente decía un nombre.
Esta suerte de liturgia se repetía todos los días, acompañada de su famosa
media sonrisa de lado, y se hacía extensiva a todos los alumnos. A TODOS. Daba igual
si estabas en el aula o no. Él te preguntaba. De esta manera, y para regocijo
del pequeño grupo de 4 miembros que conformábamos en aquellos tiempos, iniciaba
una serie de preguntas destinadas a “refrescarle” la memoria a personas que no
se encontraban allí.
La hilarante situación hacía nuestras delicias y las risas
se escuchaban hasta en el pasillo cuando aquello sucedía.
“-Muy bien, Ana Danko,
háblame de la teoría de la reminiscencia platónica.”- Unos 5 segundos de
silencio en los cuales todos sabíamos que Ana Danko no iba a poder contestarle sencillamente
porque no estaba en el aula.-
“Ah, ¿Qué no contestas?
Pues un cero para ti.
Después de eso las risas se hacían aún más pronunciadas y no
era difícil verle sonreír profusamente ante la maldad rezumante de sus actos.
Más de una vez nos miró con claro gesto de aprobación enseñando
el alto el boli con el que ejecutaba sin piedad a los ausentes en sus clases.
Nosotros decíamos que era una Katana mágicamente encubierta y que en realidad,
lo que hacía era seccionar el alma de los estudiantes que no le respondían a
sus simples preguntas.
Siempre que me preguntan, explico lo mismo: El origen de mi pasión
por las historias y por las clases está aquí. Ojalá algún día pueda ser tan
buen profesor como Don Javier de Andrés.
Bellaflor
Suscribirse a:
Entradas
(
Atom
)